lunes, 6 de junio de 2011

Mi viaje al Valle de las Sombras


CRÓNICA DE MI ÚNICA VISITA AL VALLE DE LOS CAÍDOS

Cuando comencé a escribir “El valle de las sombras” no había visitado aún el mausoleo de Franco y decidí no hacerlo mientras que durara el proceso de búsqueda de información y de desarrollo de la novela. Quise que fuera así por un motivo: mi novela no está ambientada en el Valle de los Caídos, sino en las obras de construcción del monumento. No quería tener una imagen en mi mente de su aspecto actual sino de las obras, cuando aún no existía la mastodóntica cruz que lo preside o la inmensa basílica horadada en la roca.

De hecho, mi novela está ambientada cuando aquello apenas si era un agujero excavado en el duro granito de la sierra madrileña.

Las obras se espaciaron durante 18 años; así que me documenté sobre cómo era el lugar en aquel momento, qué empresas participaron, condiciones de vida de los presos, la vigilancia y todos aquellos aspectos que me permitirían hacerme una idea fidedigna del decorado de mi obra.

Una vez terminada la novela hice lo que hago siempre, la dejé descansar en un cajón, y mucho tiempo después, aprovechando que volvía de un viaje a Santander con mi familia, decidí pasarme por el Valle.

Fue una experiencia inolvidable para mí, traumática quizá.

Nada más atravesar el pórtico de entrada y al verme en aquella carretera, situada en un paraje hermosísimo, noté una extraña sensación de desasosiego.

Yo sabía cómo había sido construida aquella carretera y los viaductos que dan acceso a la obra. Había vivido los sufrimientos de mis personajes allí, y lo peor, los de gente de verdad, presos de carne y hueso, que lucharon contra la montaña y el frío para, sin mecanización alguna, construir los accesos.

Lo achaqué al lugar. Creo que los lugares en los que ha sufrido mucha gente quedan impregnados de un no se qué, una especie de resonancia de aquello que crea mal ambiente.

Entonces llegué a la cripta. Cuando entré en la basílica me quedé sin habla. Arrancar un palmo de terreno al granito de Guadarrama costaba, literalmente, sangre sudor y lágrimas. Fueron muchos los que enfermaron de silicosis trabajando allí dentro en muy malas condiciones, con prisas, y resultaba que aquella basílica de gran altura excavada en la montaña, se adentraba cientos de metros bajo la misma. No podía creerlo. Era inmenso.

Seguí hacia delante y noté un peso en el pecho, un nudo en el estómago.

Aquella arquitectura totalitaria tenía por objeto hacer que el individuo se sintiera pequeño, minúsculo ante lo que se suponía era un gran ideal. A mí me ocurrió.

Creo que sentí una mezcla del síndrome de Sthendal y la emoción que me invadió al comprobar que tantos y tantos hombres habían sufrido para lograr salir de allí y reunirse con sus familias.

Era la tumba de un dictador. Decían que era tímido. Aquella no me pareció la tumba de un tímido.

Pensé en los personajes de mi novela, de uno y otro bando. Gente a quien la guerra arrasó como un tren en marcha. Pensé en los presos que, de verdad, sufrieron allí.

Sentí que me ahogaba y rompí a llorar como un niño.

Sé que decía algo así como: “sufrieron tanto…” pero no lo recuerdo bien.

Tuve que salir al exterior. Vi el hermoso paisaje y respiré el aire puro de la sierra. Me sentí mejor. Me acompañaban mi mujer y mi hija, el futuro. Y eso hice; pensé en el futuro.

Creo que todos, todos los españoles, de cualquier ideología, deberían visitar el mausoleo de Franco. Y no creo que, en absoluto, deba ser derruido. El que proponga algo así es un memo pues forma parte de nuestra historia nos guste o no, y debemos conocer bien nuestra historia, incluso lo malo.

11 comentarios:

Javier Márquez Sánchez dijo...

Menuda experiencia, compañero. Estoy deseando leer la novela, que seguro que a los demás también nos hacer vivir esos retales de memoria con más conciencia y emoción.

Y estoy plenamente de acuerdo contigo: si existe una lejana posibilidad de no cometer de nuevo las mismas barbaries es conocer el pasado. No andar todo el día a cuesta con él, pero tampoco dejarlo caer en el olvido.

Saludos, genio

El Ekilibrio dijo...

Hola,

vamos hombre, no exageremos. Que Franco no era ni tan dictador ni tan autoritario...

(Abrazo y felicitades por esta entrada. Llega como un ciclón. Estoy seguro que la novela va a estar increible)

Pancho "el autor" dijo...

Yo lo visité hace unos años, y la verdad es que es imponente.

Lo que más me gustó fue la vista que tiene uno desde afuera, es maravillosa, no creo poder describirla.

No soy Español, ni quisiera pronunciarme en una u otra ideología política, y por lo mismo te doy la razón, es parte de la historia y la historia debe ser imparcial, esta no va a juzgar si lo hicimos bien o mal lo que debe juzgar si lo hicimos o no lo hicimos.

Saludos, esperaré a que tus novelas lleguen a México para poder leerlas (sólo he leído el caso de la viuda negra y te felicito por tan excelente novela).

Corso dijo...

Impresionante descripción, no he estado en el valle de los caídos, tengo pendiente visitarlo por que forma parte de nuestra historia (nos guste o no).
Eso si primero leeré la novela y luego lo visitaré.....

Antonio Rentero dijo...

Jero, tu última novela literalmente me la he "bebido" en una tarde... sólo diré que pocas veces he acabado un libro con los ojos húmedos y una sonrisa en los labios, una de ellas ha sido con "El valle de las sombras".

En cuanto al monumento pienso como tú, cerrarlo o dinamitarlo lo veo un auténtico disparate.

Otra cosa es que efectivamente se hace necesario un centro de interpretación en el mismo y la adecuación para que no se convierta en un ensalzamiento al Dictador, pero vamos, igual que se sigue mostrando la momia de Lenin, la Historia no se puede (no se debe) ocultar, lo que hay que hacer es explicarla.

En cualquier caso el sitio (he ido una sola vez, hace muchos años) es auténticamente sobrecogedor, no creo mucho en fuerzas telúricas, lugares mistéricos y puntos de concentración de energías pero hay algo allí, en ese lugar, además del peso del esfuerzo, el sufrimiento para construirlo, el simbolismo innumerable de sus muros, del propio emplazamiento...

Carne de tu otro blog, el de las cosas que no te dejan dormir ;-)

Guillermo Gisbert;María Trinidad Sánchez dijo...

La leo seguro; pues no tengo ni idea de la historia más reciente de España y tengo 40años solo sé lo que me han contado mis abuelos: un republicano que fué a la carcel por montar un sindicato en la fábrica de muebles donde trabajaba y un socialista que le pilló a su nene(el hijo mayor en panocho y además mi padre)el uniforme de las Juventudes y se quedó de pasta de boniato y es que mi padre vota siempre a derechas, porque se educó con las pelis del Oeste y el Nodo, todavia lleva el bigote de Alfredo Mayo siempre va a su bola y (Jon Wayne(panocho de nene) es Dios.Y Chuck Norris su profeta
Gracias por darnos parte de tu tiempo traducido en palabras para que llenemos el nuestro con una ventana abierta al mundo desde otro.

German dijo...

Espero que si es una novela con tintes historicos te ciñas a la verdad y no solo a la propaganda comunista acerca del Valle de los Caidos, los presos eran voluntarios y redimian pena, cobraban un sueldo equiparable al que pagaban a cualquier obrero en obra civil y muchos de ellos vivian con sus familias en el poblado que a tal efecto se levantó junto la monumento. El propio médico del Valle, que fué un preso, desmiente el elevado número de muertes que suelen citarse, hubo unas pocas muertes (lamentables todas)debido a accidentes de trabajo.
Recordar, ademas que el principal artista del Valle, Juan de Avalos, era socialista (carnet nº 2 del PSOE por Badajos) y Franco le encomendó la realización de la obra cuyo objetivo era la reconciliación.... podeis encontrar más información en http://www.elvalledeloscaidos.es/portal/

German dijo...

Es falso que las grandes obras del Valle de los Caídos fueran realizadas por “presos políticos”. Es cierto que entre los obreros profesionales figuraron, a partir de 1942, determinado número de condenados por graves delitos, castigados por los tribunales a penas de muerte, en muchos casos, conmutadas por 30 años de reclusión; pero a pocas personas se les escapará, por muy legas que sen en la materia, que alguien que no fuera especialista en la perforación de túneles mediante la utilización de dinamita, por ejemplo, pudiera intervenir en la ejecución de obra tan compleja. El arquitecto don Diego Méndez, que se encargó de la continuación de las obras y del proyecto y construcción de la Cruz, tras la renuncia, por enfermedad, de don Pedro Muguruza, afirma en su obra “El Valle de los Caídos. Idea. Proyecto. Construcción”, lo siguiente: “La maledicencia ha cargado las tintas a la hora de valorar el papel que en la realización de las obras desempeñó dicho personal. Lo rigurosamente cierto es que este pequeño grupo de obreros fue atendido, aunque con las naturales limitaciones derivadas de su situación, en pie de igualdad con el resto de los trabajadores libres. Su especial psicología impulsó a algunos de ellos a asumir voluntariamente las misiones más peligrosas, aquéllas en las que para vencer a la naturaleza, había de esgrimir las armas del coraje y la dinamita. Sobre alguno de estos hombres, más no sólo sobre ellos, recayó la ciclópea tarea de horadar el Risco de la Nava, para hacer sitio a la prodigiosa Basílica que hoy alberga. Ya, como personal libre, la casi totalidad continuó su tarea en el Valle hasta el fin de las obras, contratados por las diferentes empresas. Hubo, incluso, algunos que pasaron después a trabajar en la Fundación”.

German dijo...

Es falso, como se afirmó recientemente en Televisión Española, en la serie “Memoria de España”, que en las obras hubieran intervenido veinte mil presos políticos”. Es cierto, como afirma Diego Méndez, en el libro citado, que a lo largo de quince años, dos mil hombres (no quiere decir que todos a la vez, ni que todos fueran penados) aportaron su esfuerzo diario hasta dar cima a la obra”.
Es falso que los presos que trabajaron en el Valle de los Caídos lo hicieran obligatoriamente. Es cierto que todos y cada uno de los obreros penados se ofrecieron voluntariamente a las Empresas, por un lado, y, por otro, mediante instancia a la Dirección General de Prisiones. La razón era fácilmente compresible: Lo que comenzó siendo la manera de redimir tres días de la pena por uno trabajado, según Orden Ministerial de 7 de octubre de 1938, lo amplió el Patronato Central para la Redención de Penas por el Trabajo, en 1943, hasta la redención de seis días por cada uno trabajado. El Código Penal lo estableció más tarde en tres días redimidos por dos trabajados. Con lo cual, a los penados que trabajaban en el Valle, que se beneficiaban también de los múltiples indultos decretados por el Jefe del Estado, se les concedió la libertad provisional no más tarde de cinco años después de su condena. Así que en 1950 no quedó ni un solo penado “político” en el Valle. En esa fecha comenzaron a trabajar reclusos comunes que querían redimir penas por el trabajo.

German dijo...

Es falso que los trabajadores libres o penados sufrieran penalidades sin cuento, con un sistema de trabajo de campo de concentración. Es cierto, como declaró Damián Rabal, cuyo padre y él mismo trabajaron como obreros libres, contratados por la empresa San Román, a Daniel Sueiro, autor de “El Valle de los Caídos. Los secretos de la cripta franquista”, que la cripta se comenzó a perforar a finales de 1941 con diez o doce obreros a los que pronto se sumaron trabajadores procedentes de Peguerinos, El Escorial y Guadarrama, y que los “penados” llegaron a finales de 1942. Pronto se hicieron casas para los obreros, Iglesia, enfermería, economato y un campo de fútbol. Hay que resaltar que los penados cobraban un sueldo mínimo cifrado en siete pesetas, de la época, diarios, más la comida. Y que enseguida fueron subidos a diez pesetas diarias, más los pluses por trabajo a destajo, más o menos peligroso, etc. Gran parte de ellos llevaron allí a sus familias; allí hubo bodas y bautizos. Y allí quedaron la mayoría de ellos, trabajando como obreros libres tras obtener la remisión total de las penas, mientras sus hijos estudiaban en la Escuela organizada al efecto, escuela mixta, la única existente en la España de la época, siguiendo las enseñanzas de un maestro que redimía así su condena de muerte conmutada a treinta años. No debían ser tantos los “penados”, por lo menos al principio, por cuanto Paco Rabal, miembro del PCE, reconoció que en la vivienda que le habían concedido a sus padres vivían la mayoría de ellos. Ambos hermanos coinciden en que las condiciones de vida era “allí mucho más suave que en las prisiones. Todos (los obreros profesionales) procurábamos echar una mano (...) porque los presos no eran útiles para aquella clase de trabajo; se lesionaban, no sabían ni podían. Muchos iban solos a El Escorial o a Guadarrama, y no se fugaban, sino que volvían. Además podían tener allí a sus mujeres. Ellas iban allí y ya se quedaban...”. Según la prensa de la época, a finales de 1943 trabajaban en el Valle unos seiscientos obreros. La mayoría de ellos de dedicaban a construir la carretera actual.
Es falso que en la construcción de las instalaciones del Valle de los Caídos murieran “centenares, cuando no millares de presos políticos”, tal se afirma sin aportar prueba alguna. Es cierto, como declaró a Daniel Sueiro el médico don Ángel Lausín, que llegó a Cuelgamuros el año cuarenta, para redimir pena, que “como médico del Consejo de Obras del Monumento me ocupé de todos los obreros de las diversas empresas que trabajaban allí. Allí hubo accidentes, enfermos, partos, en fin, de todo. Pero para los heridos graves se organizaba el traslado en ambulancias... Los traían a la Clínica del Trabajo, que está en la calle de Reina Victoria... Hubo catorce muertos en todo el tiempo de la obra, porque yo he estado allí prácticamente todo el tiempo”. Don Ángel Lausín ganaba mucho dinero en el Valle, pero cuando la obra terminó le desaparecieron los ingresos del seguro de enfermedad de todos los trabajadores y del seguro de accidentes y sólo le quedó el sueldo de médico del Consejo de las Obras. Por ello pidió una plaza de médico, y se le concedió, en el Ambulatorio del Seguro de Enfermedad de San Blas, en Madrid, donde se jubiló.
Es falso que los penados “políticos” comenzaran a llegar al comienzo de las obras y continuaran hasta su terminación. Sí es cierto lo declarado por el médico citado: “De los presos políticos que estuvieron allí hasta el año cincuenta, y yo he estado allí, la mayoría eran excelentes personas, estaban cumpliendo una condena por cosas políticas y estaban ganando unas pesetas para mantener a sus familias. Una

viole dijo...

Hoy he terminado de leer el libro. Si alguna vez voy al valle de los caídos, no la vere con los mismos ojos, quizá vea por allí a Juan Antonio y al amigo Aleman. Gracias por enseñamos un poco de historia.